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El costo de un mal jefe

Para cambiar la calidad de las cosas que hacen las personas, es preciso cambiar la calidad de las personas que hacen las cosas. Un mal gerente no sólo afecta el ánimo de sus empleados, sino que también puede repercutir negativamente en la rentabilidad en la empresa.

En 1995, se publicó un interesante libro titulado “Lo que cuestan los malos jefes” (Grijalbo), que se refería al impacto indirecto que tiene la personalidad y el estilo de liderazgo de los gerentes sobre la productividad, costos, rentas y competitividad de la empresa. Si bien es cierto que este aspecto no es una realidad desconocida, se hace poco por cuantificar efectivamente esta variable, a pesar de que existen múltiples estudios que correlacionan la satisfacción en el trabajo con la productividad del colaborador, y ésta con las utilidades finales.


En Estados Unidos, por ejemplo, se reporta que uno de cada dos trabajadores tiene un jefe abusivo, mientras que cerca de un 20% se siente constantemente abusado emocionalmente en el trabajo. Esto definitivamente tiene efectos devastadores en el corto y largo plazo, pues se conoce que aproximadamente el 80% del clima laboral depende de la personalidad y estilo de liderazgo del jefe. 

Los empresarios deben preguntarse por el costo real de un gerente que no es bien visto por sus colaboradores. ¿Cuánto influye en los resultados económicos un gerente indiferente a las mínimas expectativas de sus trabajadores? ¿Uno agresivo o chismoso? ¿Uno que no motive a sus empleados? Si bien pueden existir gerentes con estas características, que al mismo tiempo sean aparentemente exitosos en el logro de los objetivos económicos, la pregunta del millón es cuánto más se hubiera logrado de contar con el respaldo, identificación y compromiso de sus colaboradores.

También debemos preguntarnos más seriamente sobre la relación que existe entre la rotación, la fuga de talentos, el ausentismo, el índice de enfermedades psicosomáticas y la falta de compromiso, con la manera de dirigir de los jefes directos.

Son tiempos de dejar de lado la estereotipada y perjudicial idea de la eficacia económica a cualquier costo, pues no sólo puede representar un infierno para su capital social sino que también puede devorar la reputación de la organización en el mediano plazo.

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Por Raúl De Lama: 
Docente de la Facultad de Administración, RR.HH y NNII de la USMP, Vicepresidente de la Sociedad Peruana de Psicología Organizacional.

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